Veri*Factu no es un programa que haya que instalar ni un trámite que haya que presentar. Es un conjunto de requisitos que la Agencia Tributaria impone al software con el que facturas. Dicho de forma llana: a partir de tu fecha de entrada en vigor, el programa que uses tendrá que dejar una huella técnica de cada factura que emitas, de manera que nadie —tú incluido— pueda alterarla después sin que se note.
Cada vez que emites una factura, el sistema genera automáticamente un registro de facturación: un pequeño paquete de datos con el número, la fecha, el NIF del destinatario, las bases y las cuotas. Ese registro se sella con una huella criptográfica que incluye la huella del registro anterior, formando una cadena. Si alguien retoca una factura antigua, la cadena se rompe y la manipulación queda a la vista. Lo explicamos con más detalle en el artículo qué es Veri*Factu.
A partir de ahí, el reglamento permite dos caminos. En la modalidad VERI*FACTU el programa envía cada registro a la AEAT en el momento de emitir la factura; a cambio, te libras de buena parte de las obligaciones de conservación y firma, porque la Administración ya tiene copia. En la modalidad no verificable los registros se quedan en tu sistema, firmados electrónicamente, íntegros y disponibles para cuando la Administración los requiera. Las dos son legales; la primera exige menos trabajo por tu parte y es la que eligen la mayoría de pymes y autónomos.
El marco legal es corto de enumerar: el artículo 29.2.j) de la Ley General Tributaria habilita la obligación, el Real Decreto 1007/2023 aprueba el reglamento (conocido como RRSIF) y la Orden HAC/1177/2024 baja al detalle técnico —formato de los registros, algoritmo de la huella, contenido del QR y servicios web de remisión—. Si estás valorando programas, qué mirar en un software Veri*Factu resume los puntos que conviene comprobar antes de firmar nada.